Rebeca Beatriz Vaca es maestra de la escuela Mariano Sucedo Sevilla del distrito rural de Warnes, Santa Cruz. Ella es una maestra rural que reconoció sus temores iniciales para poner en práctica la innovación propuesta por el Centro Andino para la alfabetización inicial, pero también destaca los beneficios que tuvo al aplicarla. “Me puse muy nerviosa y sentí temor de  no alcanzar los objetivos propuestos, pero finalmente acepté el reto y me puse manos a la obra”.

La maestra realizó un diagnóstico de la situación de sus niños en la lectura y escritura, cuyos resultados no fueron tan favorables. Muchos de ellos no habían asistido a la preparatoria inicial, por lo que mostraban mayores dificultades, inclusive en su expresión verbal.  Este era el caso de Wilber, quien pertenece a una familia muy pobre de origen quechua, cuyos padres apenas saben leer y escribir.

Wilber mostraba dificultades en su comunicación verbal,  así como poco interés en aprender a leer y escribir.  No tenía una pronunciación clara de las palabras, lo que preocupaba mucho a su maestra, quién dijo: “Creí que era mudo, porque solamente permanecía en silencio y aislado sin dar muestras de sus aprendizajes, es decir cuando le preguntaba, él no respondía, se quedaba callado”.

Un día la maestra descubrió que Wilber intentaba leer algunas letras  Le puso atención especial, aplicando actividades aprendidas en el Centro Andino. Así, a mitad de año, Wilber ya daba muestras de su progreso—podía leer algunos textos cortos. No había cambiado mucho, pero su capacidad de discriminar las letras era una señal de que iba a florecer muy pronto, aunque su comunicación verbal seguía deficiente. Por eso, antes del descanso pedagógico, la maestra se reunió con su padre para orientarle en algunas actividades muy concretas, tales  como jugar con la sopa de letras, leer una oración, y ordenar oraciones. Y el padre de Wilber hizo lo que le pidió la maestra.

Cuando Wilber volvió después de dos  semanas de vacación, ¡qué sorpresa!. Wilber leyó sin dificultad y correctamente el poema titulado “A la mancha”. Esta transformación del niño sorprendió a la maestra, quién dijo: “Ahora él habla, canta, dialoga y dice: ‘Yo paso adelante a leer, profe,’ y cuando se siente inseguro, lee bajito”.

Esta historia refleja cómo el Centro Andino transformó la vida de Wilber y la de su familia. El padre de Wilber ahora se involucra en el aprendizaje de su hijo, y se siente muy orgulloso y agradecido por los logros alcanzados.