Daniela Tigasi, una profesora de Saquisilí, Cotopaxi en Ecuador, comparte su historia acerca de la transformación de una de sus estudiantes, Esther, gracias al programa CETT:   

Trabajo en la escuela bilingüe intercultural unidocente Toribio Choloquinga ubicada en el cantón Saquisilí, provincia del Cotopaxi. Como la escuela esta en una montaña, usualmente salgo de mi casa a las cinco de la mañana porque tengo que caminar cerca de una hora para llegar a la escuela.

Mis niños y niñas son indígenas kichwa-hablantes. Sus padres se dedican especialmente a actividades agrícolas, los niños ayudan por las tardes y los fines de semana al pastoreo de borregos y otras actividades agrícolas. Los ingresos económicos de las familias son muy bajos, por tal razón gran parte de los padres y madres de familia migran a la ciudad. Los niños, en su gran mayoría, pasan solos o al cuidado de sus abuelos o hermanos mayores.

Gracias a la capacitación que recibí del Centro Andino comprendí la importancia de tener un buen clima en el aula y relaciones positivas con los niños. En años pasados yo había utilizado el método silábico y consideraba de mucha importancia los dictados y las copias. Pero me di cuenta que leer y escribir no se enseña dictando y copiando.

Al inicio del año escolar estaba muy preocupada por que no sabía cómo iba a poner en práctica la nueva metodología propuesta por el Centro Andino. Pero ahora, al finalizar el año, me siento muy contenta por los resultados con mis niños, especialmente con Esther. Ella tiene seis años y vive sola con sus abuelos, tiene que caminar un buen trecho para llegar a la escuela. Al inicio del año escolar ella no hablaba ni en español, ni en kichwa, no jugaba con los otros niños, su participación en las clases era muy limitada, además faltaba mucho a la escuela

Aplicando lo aprendido con el Centro Andino, fui más afectuosa con Esther y la animaba a participar. Al principio fue muy difícil pero, poco a poco, ella fue hablando.  Me ayudaron mucho las canciones y poesías porque descubrí que a ella le gustaba cantar. Usando las técnicas aprendidas comencé a trabajar la conciencia fonológica, léxica y semántica con todos los niños, pero especialmente con Esther. En el mes de abril ella ya escribía y leía palabras. Al finalizar el mes de junio ella ya leía bastante bien y formaba oraciones. Esto ayudó a que Esther se sintiera más segura, inclusive ahora se atreve a leer a sus compañeros pequeñas oraciones y trata de contar cuentos a sus abuelitos. Todavía falta que lea con más fluidez pero le gusta mucho cantar y leer.

Yo estoy muy contenta con la capacitación recibida porque veo los resultados: mis niños y niñas aprendieron más rápido a leer y escribir. Una cosa muy importante es que comprenden lo que leen ya que reconocen las mismas palabras en diferentes contextos.