Juana Brunilda Rodríguez trabaja en la Escuela “José Armando Bermúdez”, ubicada en un sector urbano-marginal de Santiago. Las familias en ese sector son muy pobres y luchan cada día por sobrevivir vendiendo artículos en la calle, trabajando en construcción, en talleres mecánicos, o en tareas de servicio doméstico, entre otras ocupaciones.
A principios de año, Juana inscribía a los alumnos de primer grado tratando de cumplir con la norma establecida de que la mayor parte de su grado tuviera entre 5 y 6 años de edad. Esta disposición busca facilitar la tarea de los maestros al trabajar con un grupo homogéneo en cuanto a la edad.
El día de la inscripción, llegó a la escuela una señora acompañada de una niña, algo retraída, a quien ella deseaba inscribir en el primer grado. Al ver a Lorenny, quien tenía en ese entonces diez años de edad, Juana sugirió que Lorenny fuera a una sección acorde con su edad. Lorenny, que sintió desde el principio una empatía especial por Juana, se acercó a la docente y con expresión de desconsuelo le dijo: “Profe, enséñeme a leer, que yo tengo problemas de aprendizaje”. Cabe señalar que Lorenny iba a inscribirse por cuarta vez en primer grado.
A Juana, que es una maestra de corazón, le dio tristeza la angustia de Lorenny y le preguntó cómo sabía que ella tenía problemas de aprendizaje. Lorenny respondió que tenía una hermana gemela, Lucía, que ya estaba en quinto grado y que sabía leer y escribir. Sin embargo, ella no había podido conseguir pasar a segundo grado, a pesar de todo el deseo y empeño que había puesto para lograrlo. Según Lorenny, los profesores anteriores le habían dicho que ella tenía problemas porque no había aprendido a leer y escribir como su hermana Lucía.
En vista de la situación, Juana decidió aceptar a Lorenny en su grupo y logró que la mamá de Lorenny se comprometiera a enviar a la niña todos los días a la escuela y colaborar con ella en todo lo posible. Usando las estrategias que aprendió en el CETT, Juana trabajó diligentemente con Lorenny para enseñarle a leer y a escribir. Se asombró de cuánto Lorenny cambió mientras aprendía. La niña se volvió activa, más sociable y vivaz, convirtiéndose en la líder de su grupo. Aunque no ha alcanzado todavía a su hermana gemela, aprender a leer y a escribir cambió la vida de Lorenny abriéndole un mundo de oportunidades que, de otra forma, no hubiera sido posible conseguir.
En sus 19 años como maestra, Juana había enseñando 9 años en la Escuela José Armando Bermúdez. Juana afirma que sin el CETT ella no hubiera podido ayudar a Lorenny tanto como lo hizo. En sus propias palabras:
“Antes del CETT, tenía que trabajar más duro para que mis alumnos aprendieran. Algunas veces nos demorábamos un mes entero para aprender un solo tema. Las clases eran monótonas. Los estudiantes entendían lo suficiente para repetir un coro de sílabas que estaban aprendiendo, pero si tú ponías la misma sílaba en un contexto diferente, ellos no podían leerla. Ahora, los alumnos entienden lo que están aprendiendo y pueden reconocer sonidos y palabras en cualquier contexto”.
El amor de Juana a su trabajo y las estrategias pedagógicas que obtuvo gracias a CETT le permitieron marcar la diferencia en la vida de Lorenny y posibilitaron que la niña continuara estudiando en la escuela, evitando una deserción que parecía inminente. |