Existen espacios y tiempos que marcan para toda la vida. Durante el año escolar del 2005, en el Centro Escolar de la comunidad de Totolco en Chalatenango, la vida de Juancito, un niño de apenas ocho años cambió.

Desde sus primeros años de vida Juancito presentó un cuadro clínico de parálisis. Sus piernas eran incapaces de sostener el peso de su cuerpo. Sus padres lo habían llevado a varios médicos y a un centro de rehabilitación para mejorar su condición sin muchos resultados. También lo enviaron a recibir sus primeros conocimientos de parvularia a un Centro Escolar cercano pero fue duro para Juancito, según comenta su padre, porque los niños se burlaban de él por no poder caminar y sólo arrastrarse por el suelo.

Para evitar esta situación, Don Juan, el padre de Juancito, se vio obligado a no enviar más a Juancito a la escuela, pese a  lo que esto significaría; pero lo hizo para evitar el daño psicológico que producía la mofa de los otros niños.

Posteriormente Don Juan cambió de domicilio, fue así como llegó a la comunidad de Totolco lugar donde anida una escuelita con dos maestras que atendían desde parvularia a segundo grado. A Juancito le tocó como maestra Gladis López, quien atendía primero y segundo grado de manera integrada. Gladis estaba trabajando con el programa CETT, por tanto, ella realizaba talleres dinámicos de lectura y escritura en su aula.

El nuevo estilo de enseñanza de Gladis favoreció a Juancito porque las prácticas que ella aprendió con CETT facilitaron que él tuviera mucha interacción y participación con sus compañeros. Cuenta la maestra muy convencida: “Trabajar con la metodología interactiva del CETT permitió que Juancito se motivara, participara oralmente y por escrito, sus compañeros no lo rechazaron, más bien les gustaba estar con él, porque era de los que mejor leía los cuentos”.

El aprender a leer y escribir pareció ir de la mano con el proceso de recuperación física de Juancito. Cada día, cada semana y cada mes Juancito iba mejorando en su lectura y escritura. A su vez, después de varios meses comenzó a dar pasos sin ayuda y luego a caminar con esfuerzo. La gente en la comunidad se asombró de la recuperación milagrosa de Juancito. Todos se sintieron felices, pero nadie como Don Juan, quien al final del año escolar aseveró con lágrimas en los ojos: “Estoy maravillado de ver a Juancito caminando, leyendo y escribiendo de manera fluida, agradezco a la maestra y al programa [CETT] con el que ella trabaja”.

Para cerrar con broche de oro, Juancito ganó el segundo lugar en un concurso que promovió CETT en El Salvador. Este consistía en que los niños y niñas del programa CETT hicieran un dibujo relacionado con la navidad. Los dos mejores dibujos serían utilizados para el diseño de una tarjeta navideña que se enviaría a diferentes instituciones, personas y maestros del país. Esta fue otra experiencia positiva y motivadora para Juancito, quien al leer y escribir, podrá avanzar a los siguientes grados y construir un futuro mejor para él y su familia.