Cuando Maria Teresa tomó un empleo como profesora en Concepción, una pequeña aldea en el centro de Guatemala, no sabía que su nuevo cargo le cambiaría la vida. Pero sí sabía que impartir primer grado sería un gran desafío, ya que la escuela carecía de recursos, y los niños venían de familias muy pobres. Concepción está ubicada entre hermosas montañas, pero la mayor parte de la gente que vive allí gana apenas lo suficiente para sobrevivir cultivando y produciendo queso. Cuando el director de su escuela le pidió que aceptara a Osvaldo en su aula, el desafío de María Teresa parecía crecer.
Otros profesores no querían que Osvaldo estuviera en sus aulas. Era un niño flaquito de ocho años que repetía el primer grado, no sabía leer ni escribir y era considerado un “niño problema”. Osvaldo es el menor de ocho hermanos y era muy tímido y retraído. Su padre, un alcohólico desempleado, les hacía la vida muy difícil a él, su madre y sus hermanos. Toda su familia vivía de los magros ingresos de su madre. Como no tenía muchas esperanzas para el futuro, Osvaldo no se aplicaba en sus labores escolares.
María Teresa le dio la bienvenida a Osvaldo en su aula, e intentó con ahínco enseñarle a leer y a escribir. Ella siempre había disfrutado ser profesora. Pero tras un tiempo, hasta ella comenzó a desesperarse porque nada de lo que hacía parecía funcionar con Osvaldo. De hecho, la mayoría de los demás niños del aula tampoco parecían aprender tan rápidamente como deberían. María Teresa organizaba ejercicios de copiado y dictaba palabras, pero los niños cada vez estaban más aburridos e inquietos. A María Teresa le daba la impresión de que los ejercicios de copiado nunca habían funcionado del todo, pero así le habían enseñado a dar clases.
Un día, el Centro de Excelencia para la Capacitación de Maestros (CETT, por sus siglas en inglés) de Guatemala invitó a María Teresa a participar en su capacitación. Por medio del CETT aprendió nuevas maneras de enseñar lectura y escritura, y descubrió cómo hacer que el aprendizaje fuera divertido. Recibía visitas frecuentes de un especialista en lectura que le mostraba cómo utilizar las técnicas del CETT en el aula y reforzaba la capacitación que había recibido. Incluso le dieron materiales de aprendizaje, incluyendo libros, para que los niños los leyeran.
En cuanto María Teresa comenzó a aplicar sus nuevas técnicas, observó una clara transformación en Osvaldo y el resto del grupo. En sus propias palabras, “¡los niños revivieron!” Comenzó a leerles un cuento al día. Cada mañana, Osvaldo esperaba impaciente los cuentos que de verdad disfrutaba. Pronto comenzó a participar en las discusiones y a responder preguntas sobre éstos. Poco después Osvaldo no sólo sabía leer, ¡comenzó a escribir sus propios cuentos!
María Teresa cree que CETT transformó su vida convirtiéndola en una mejor profesora para Osvaldo y los demás alumnos. Pero lo más importante, dice María Teresa, es que aprender a leer y escribir transformó la vida de Osvaldo. A pesar de lo difícil de su situación familiar, ahora tiene mayores esperanzas para el futuro. Habla más en el aula. Es cortés, responsable y le va mejor en otras materias. ¡Hasta su aspecto físico ha cambiado! Aunque su ropa aún está gastada y deshilachada, ahora le gusta estar limpio y siempre tiene una gran sonrisa. Sus ojos, con un fulgor nuevo, ven hacia el futuro bajo una nueva luz. Osvaldo seguirá enfrentando una situación difícil en casa, pero ahora que sabe leer y escribir, está mejor preparado para construir un futuro más brillante para él y su familia.
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